CAPÍTULO 1
Eran las diez de la mañana del martes, cuando sonó el teléfono en medio del silencio del pequeño Callejón de Carpinetti, en la bahía habanera de Cuba. Con dolor de cabeza y una resaca inexplicable, Malena recorrió toda la cama hasta descolgar el auricular. Tres minutos más tarde, tomó una taza de café y se dirigió hasta la ventana donde encendió un cigarrillo, temblorosa, tras escuchar la noticia. -¡No puede ser…!- Tiró el cigarro por la ventana, miró el reloj y se apresuró para no llegar tarde a su cita con Luciano.
Llegó al taller que regentaba el joven fotógrafo, con media hora de retraso. Entró sin llamar, nerviosa y con otro cigarro en la boca. Luciano la vio entrar y se acercó a ella con cierto recelo al ver el aspecto demacrado de su amiga. Malena era una veterana modelo de veinticuatro años, mestiza –como la mayoría de los habaneros– y unos ojos de un azul profundo que evocaba a los sueños marineros de la vieja Cuba.
Luciano la miró intrigado: -¿Qué te ocurre preciosa? ¡Estás temblando! Entra en mi despacho, voy a por una valeriana- Mientras se alejaba hacia la pequeña cocina improvisada en medio del estudio, miró a la joven con ternura. Malena era de esas mujeres que enamoraban con solo una mirada, y él estaba sumergido en ella desde que la vio por primera vez en la Plaza de la Revolución vendiendo los collares artesanales que hacía su madre. Por entonces, sólo tenía catorce años cuando consiguió seducir al fotógrafo que, tras varios disparos de cámara, se hizo con un respetable hueco en el mundo del arte callejero.
- Aquí tienes mi amor, tómatela anda.
- Gracias Luciano. No sé por dónde empezar. ¡Es todo tan…confuso!
- Pero ¿qué te ha ocurrido? Me tienes preocupado Malena, nunca te he visto así de asustada, ¿qué es lo que te pasa?
- Esta mañana he recibido una llamada extraña. No sé lo que ocurrió ayer, no me acuerdo de nada, sólo sé que me desperté con un gran dolor de cabeza y… esa llamada- Malena se quedó con la mirada perdida ante los atónitos ojos del fotógrafo, sobrecogido por la inexpresividad de la joven.
- No te preocupes cariño. Quédate aquí el tiempo que necesites. Ahora intenta descansar. Yo me tengo que ir para cerrar un acuerdo sobre mi próxima exposición. No tardaré nada cielo, te lo prometo.
Llegó al taller que regentaba el joven fotógrafo, con media hora de retraso. Entró sin llamar, nerviosa y con otro cigarro en la boca. Luciano la vio entrar y se acercó a ella con cierto recelo al ver el aspecto demacrado de su amiga. Malena era una veterana modelo de veinticuatro años, mestiza –como la mayoría de los habaneros– y unos ojos de un azul profundo que evocaba a los sueños marineros de la vieja Cuba.
Luciano la miró intrigado: -¿Qué te ocurre preciosa? ¡Estás temblando! Entra en mi despacho, voy a por una valeriana- Mientras se alejaba hacia la pequeña cocina improvisada en medio del estudio, miró a la joven con ternura. Malena era de esas mujeres que enamoraban con solo una mirada, y él estaba sumergido en ella desde que la vio por primera vez en la Plaza de la Revolución vendiendo los collares artesanales que hacía su madre. Por entonces, sólo tenía catorce años cuando consiguió seducir al fotógrafo que, tras varios disparos de cámara, se hizo con un respetable hueco en el mundo del arte callejero.
- Aquí tienes mi amor, tómatela anda.
- Gracias Luciano. No sé por dónde empezar. ¡Es todo tan…confuso!
- Pero ¿qué te ha ocurrido? Me tienes preocupado Malena, nunca te he visto así de asustada, ¿qué es lo que te pasa?
- Esta mañana he recibido una llamada extraña. No sé lo que ocurrió ayer, no me acuerdo de nada, sólo sé que me desperté con un gran dolor de cabeza y… esa llamada- Malena se quedó con la mirada perdida ante los atónitos ojos del fotógrafo, sobrecogido por la inexpresividad de la joven.
- No te preocupes cariño. Quédate aquí el tiempo que necesites. Ahora intenta descansar. Yo me tengo que ir para cerrar un acuerdo sobre mi próxima exposición. No tardaré nada cielo, te lo prometo.


